El mago de luz y la bruja de la niebla
En un valle lleno de colores vibrantes habitaba un Mago de Luz. Su corazón era un cristal sin grietas y su magia, un faro sereno que devolvía claridad a los rincones sombríos. Iluminar era tan natural en él como respirar.
En la cima de una montaña envuelta en sombras densas vivía una Bruja de la Niebla. Sus hechizos envolvían, ocultaban y desdibujaban los caminos. La niebla era su refugio y su esencia, tan inevitable para ella como el descenso del río hacia el mar.
Al principio, el mago no comprendía. Él, que nunca ocultaba nada, se acercaba con la verdad desnuda y la claridad por bandera. La bruja lo miraba y suspiraba.
Otras veces le pedía que le contara sus miedos más profundos, prometiendo guardarlos en cofres sellados. Pero el mago intuía que ella no quería sanarlos, sino usarlos para espesar su propia bruma.
Aun así, algo en él deseaba entenderla. Creía que si encontraba una sola grieta en aquella niebla, su luz podría colarse y revelarlo todo.
La bruja, por su parte, lo observaba con inquietud.
El mago guardó silencio un momento.
Ella desvió la mirada. Por un instante, la niebla que la rodeaba pareció volverse más transparente.
Entre ellos comenzó una extraña danza. Él intentaba iluminar con delicadeza; ella envolvía con suavidad. Él buscaba respuestas nítidas; ella ofrecía caminos que se evaporaban al recorrerlos.
Hasta que una noche de luna llena, un eclipse oscureció lentamente el cielo. La bruja extendió su manto de niebla y, durante unos minutos, todo el valle quedó sumido en una oscuridad espesa y silenciosa.
El mago permaneció quieto. En esa negrura absoluta, sin nada que iluminar fuera de sí mismo, comprendió algo profundo.
Su magia no estaba hecha para despejar la niebla de los demás, sino para no perderse en la suya propia.
A la noche siguiente, cuando la bruja volvió a extender su manto gris sobre el valle, el mago hizo algo diferente. No intentó apartarla. No le pidió que cambiara.
Simplemente encendió su luz, firme y serena, como un faro en la orilla de un acantilado.
La niebla trató de rodearlo, de envolverlo, pero él no luchó ni se dejó arrastrar. Permaneció iluminando un pequeño círculo a su alrededor. Allí donde su claridad se mantenía quieta y constante, la niebla no encontraba dónde sostenerse.
Con el paso de los días, la bruja comenzó a alejarse. No por derrota, sino porque comprendió que en aquel valle nunca podría ser completa. Su niebla se debilitaba allí, se volvía frágil, casi transparente. Necesitaba montañas más altas, sombras más profundas, lugares donde su bruma pudiera espesarse sin vergüenza ni límite.
Antes de marcharse, se detuvo un instante en la ladera y miró hacia atrás. El mago seguía allí, brillando con su luz serena. Por un segundo, la bruja abrió la boca como si quisiera decir algo. Pero la niebla, fiel como siempre, se cerró suavemente a su alrededor y la envolvió por completo.
El mago sintió una punzada de pena, suave como la que deja la luna cuando el alba la despide. Sin embargo, esa pena pronto se transformó en una paz profunda y silenciosa.
Quizás, pensó, el mundo necesita estas dos magias: la luz que permanece y la niebla que recuerda que no todo puede mirarse de frente.
El valle recuperó sus colores vibrantes. A veces, en el horizonte lejano, aún se veía una fina niebla gris. Pero el mago ya no se perdía. Había aprendido que su luz no servía para perseguir brumas lejanas, sino para reconocer el lugar donde él mismo deseaba quedarse.
Una parábola sobre aceptar lo que no se puede cambiar


Precioso, Eitán.
ResponderEliminarUsando la esencia de tu nombre literario, has impregnado todo el cuento con tu magia, dotándolo de una belleza poética que te hace degustar la historia con el sabor de los buenos manjares.
Es una fábula preciosa sobre amores imposibles y la lucha entre el bien y el mal, personificados en este Mago y la Bruja, en la Niebla y la Luz. Aprovechando el juego que da el Eclipse para otorgar al Mago de Luz la sabiduría necesaria para comprenderse y también para entender a la otra parte, porque no hay luz sin oscuridad.
Fantástica tu carta de presentación para el VadeReto. Un placer leerte y poder disfrutar de tu regalo.
Muchísimas Gracias, Abrazo Grande.
Gracias a ti, José Antonio, por la oportunidad y por estas palabras tan hermosas. Tu elogio es el mejor recibimiento al VadeReto —¡ha sido un placer compartir este pequeño hechizo! Abrazo grande y a seguir tejiendo luz y niebla.
EliminarHola Eitán, nos has regalado un relato precioso y lo has urdido de tal forma que se siente como un bálsamo en el corazón. Me gusta especialmente cuando el mago llega a la conclusión de que quizá tanto la luz como la niebla son necesarias. No todo es blanco o negro, hay matices. Tus personajes logran dejar huella pues no son clichés, ambos dudan, ambos desean y anhelan y no condenan al otro por ser como es. Me encantó tu propuesta para el VadeReto.
ResponderEliminar¡Muchísimas gracias! Justamente quería que ambos personajes conservaran sus dudas, sus deseos y su humanidad, sin caer en en juicios fáciles. Me hace mucha ilusión que te haya gustado la propuesta para el VadeReto. Un abrazo.
EliminarHola Eitán. Nos traes una bellísima poesía con apariencia de prosa, que nos envuelve en la densa bruma de la Bruja de la Niebla, para descubrir al Mago de la Luz de pie en el centro de luz brillante, como un faro perfectamente delimitado, respetándose mutuamente, completando las dos caras de una misma moneda, cada cual necesitando su complemento para existir.
ResponderEliminar¡Me ha encantado tu aporte! Gracias, un abrazo de Marlen
¡Hola Marlen! Mil gracias por tu comentario tan bonito. He intentado hacer un relato que se aleje del tópico: la dualidad es esa dificultad para mezclar los opuestos, pero no siempre tiene que haber odio entre ellos. ¡Un abrazo grande de vuelta!
EliminarOi, Eitán! Gostei muito de tua mágica hist´roria e concordo contigo que por vezes deveria no mundo ter as duas magias: a luz e a névoa, cada uma com sua finalidade! Adorei! abraços, linda semana! chica
ResponderEliminar¡Gracias por el cariño, chica! Me alegra que te gustara el relato. Un abrazo grande y que pases una semana luminosa. ✨
EliminarHola Eitán,
ResponderEliminarUn cuento muy bonito. Me gusta mucho esa pugna cordial en que tanto la bruja como el mago se van descubriendo a sí mismos y llegar a la conclusión de la necesidad del uno y el otro. También trasladas una atmósfera que los que hemos pasado por Galicia conocemos muy bien.
Un saludo
¡Gracias, Luferura! Me encanta que vieras esa pugna y, a la vez, necesidad mutua entre mago y bruja —¡ahí está el secreto! Aunque no lo especifique, esa dualidad luz/niebla grita Galicia: meigas, costas brumosas, sol que pelea por salir. Tú la captaste perfecta, ¡y yo sin darme cuenta, jajaja! Galicia es luz y niebla, igual que ellos. Un abrazo grande.
Eliminar¡Qué bonito! Si bien se presenta como un relato de magia y fantasía, tiene mucho de sentimientos terrenales, y de aprendizaje interno. Me ha gustado mucho
ResponderEliminarMuchas gracias, Luna. Para mí la magia es conexión directa con el sentimiento. Un abrazo grande.
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