Me entrenaron para no temblar. Si pulsas en la imagen puedes leer la historia con efecto libro Me entrenaron para no temblar; esta es mi virtud. Cuando veo que otros hombres tiemblan se me revuelve el estómago. Dicen que cuando nací, los ancianos de la aldea me examinaron. Me levantaron y me palparon como a una res en el mercado. Buscaban algún defecto. Alguna imperfección. Alguna señal de que no era un hijo digno de Esparta . No la encontraron, y por eso hoy puedes leer esta historia. No fui arrojado al Taigeto, a la sima de los Apótetas, donde terminan los bebés enclenques. De ellos no se habla. No existen. No han existido nunca. Permanecerán para siempre llorando en la memoria de sus madres. Si alguna vez me ves nunca me preguntes si descartamos niños. Eso te delataría. En la forja de guerreros, en la agogé, aprendemos a no hacer preguntas. El primer recuerdo que tengo, que nunca olvidaré, que aún puedo sentir en el pecho, que puedo acariciar c...
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