La muiñeira del diablo
Llevo eones catalogando almas; mi puntería es perfecta.
Aquella noche descendí al Obradoiro. La piedra estaba empapada, el cielo gris devoraba la catedral. Vi a Juana ajustar el fol de su gaita. La desafié a un duelo musical.
Mi música nunca falla: acelera donde el cobarde tropieza, desfigura el compás donde el soberbio se luce, tiende trampas afinadas para cada tipo de hambre humana. He derribado santos y coronado tiranos; conozco cada tempo del deseo porque yo mismo los diseñé.
Toqué primero. Busqué el miedo. Busqué el orgullo. Nada. No había pliegues en su alma donde esconder el nombre que los deshace. Oveja o cabra. El que teme o el que se rebela.
Entonces llegó su turno. Mantuvo su melodía sin pretensiones. Sin acelerarse, sin adornos, anclada a su propia música. Volví a tocar. Forcé la pieza. Subí el tono, deshice el pulso buscando que me siguiera o que huyera despavorida. Ninguna de las dos. Se me acabó el aire.
Entonces comprendí. No era oveja. El pastor me las entrega tarde o temprano. No era cabra. Las cabras saltan solas, pero saltan hacia mí, confundiendo el abismo con la libertad.
Esto, en diez mil años de oficio, no me había ocurrido jamás. La catedral me observaba. Una gárgola, desde lo alto, parecía burlarse. Dejé la gaita y me fui sin decir nada.
Juana seguía tocando al doblar la esquina. Sigue tocando, supongo.
Eso es lo que me perturba.


Un microrrelato con sabor a folclore. No tendremos Luisiana con blues y su Nueva Orleans, pero tenemos a Galicia con su muñeira y su Santiago. Abrazo y gracias por dar cancha al diablo musiquero, que lo es y mucho, su más artístico atributo.
ResponderEliminar¡Gracias por tus palabras tan afinadas! Tienes toda la razón: no necesitamos el blues de Nueva Orleans cuando Galicia responde con su muñeira. Me inspiré en la canción de Charlie Daniels —el diablo que que baja a Georgia a por almas y pierde el duelo ante Johnny—, pero con ecos centroeuropeos del violinista del diablo como Paganini, que parecía poseído para tocar lo imposible. Aquí, sin embargo, Juana lo desarma con su humildad gaitera. ¡Abrazo grande!
Eliminar"¡Impactante, Eitan! Me ha fascinado la voz del narrador y cómo Juana lo derrota simplemente siendo fiel a sí misma. Un relato con mucha fuerza visual y un cierre que deja pensando. ¡Gracias por compartirlo!"
ResponderEliminar¡Gracias a ti por ese comentario tan entusiasta, Lisi!
EliminarHola, Eitán. Muchas gracias por aceptar el reto.
ResponderEliminarUn saludo.
Gracias por la propuesta. Encantado de participar. Un saludo.
EliminarGenial, Eitán. Muy bien contado. Me has situado en ese escenario mágico, he escuchado el duelo de los gaiteros e incluso he bailado la muñeira hasta agotarme.
ResponderEliminarMentres recuperaba os folgos, lin o conto en galego. Pura maxia. Parabéns.
Moitas grazas Carmen. jajaja, no será para tanto como para ponerse a bailar sin música, non cho creo, pero quedo enormemente agradecido por esas palabras. Unha aperta.
EliminarSi fuera a concurso, te daría todos los oros posibles. Original, precioso, con encanto y con VERDAD! rEALMENTE ME ENCANTÓ. eS UNA HISTORIA PARA LEERLA O CANTARLA A QUIENES QUIERAN OIR SOBRE LO MEJOR DE LOS SERES HUMANOS. uN ABRAZO
ResponderEliminar¡Guau, muchas gracias por un comentario tan lleno de pasión! Tu comentario ya es un premio enorme. Juana, tu tocaya, representa esa verdad sencilla —que no simple— que desarma los demonios que todos llevamos dentro. ¡Gracias por sentirlo! Un abrazo gigante.
EliminarUn relato a la vez siniestro y ejemplarizante. No siemrpe triunfa el mal si el siervo a quien se pretende perjudicar es lo suficientemente tenaz y resistente.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchísimas gracias por el comentario. No lo interpreto tanto como tenacidad sino que la clave es mantener ese centro firme de Juana: permanecer en lo que es, sin florituras. El mal tropieza con quien no se mueve de su melodía auténtica. ¡Un fuerte abrazo!
EliminarDe aquí salieron los actuales duelos de raperos.
ResponderEliminarYa está todo inventado.
Abrazooo
O de los duelos de raperos pasamos a los duelos de gaiteros, jajaja. Gracias Gabiliante. Abrazoo.
EliminarVarios musicos han desafiado al maligno, parece es bastante habil pero aun asi no llega al nivel de un maestro o virtuoso, eso si una persona corriente facilmente seria engullido por las dotes demoniacas
ResponderEliminar¡Gracias por tu lectura tan interesante! Es verdad, el folclore muestra músicos retando al maligno, pero ni Johnny en la canción de Charlie Daniels ni Juana ganan por virtuosismo técnico. Habitualmente el diablo es hábil pero mecánico. En este caso tropieza con quien permanece en su centro auténtico —ni siquiera hay un duelo real—. ¡Hasta el demonio se va desconcertado!
EliminarEl mal derrotado por una gaitera. Genial, Eitan. Me ha encantado tu relato. Una historia muy bien armada con un eco de cuento clásico precioso. Gran micro.
ResponderEliminarMuchas gracias Marta. Aprecio enormemente tu comentario. Un abrazo.
EliminarHola Eitan! Me ha encantado tu relato y este perfil musical que le has dado! Hasta el diablo puede aprender cosas nuevas! Quien lo iba a decir? Je je! Un abrazote!
ResponderEliminar¡Hola Marifelita!. El diablo es muy musical, pero parece que necesita reciclarse un poco, jajaja. Mil gracias por pasarte y comentar. ¡Un abrazote grande de vuelta!
EliminarMuy bueno Eitan ese duelo entre los gaiteros que consiguen derrotar al maligno..
ResponderEliminarBien contada toda la historia
Un abrazo Eitan
Puri
¡Las gaitas como arma suprema, quién lo diría! Mil gracias por pasarte y es un honor recibir tu comentario, Puri. ¡Un abrazo!
EliminarHola Eitan el mago. Me encantó tu historia. Y soy fan de Juana que seguro que sigue tocando la gaita en la plaza del obradoiro quién sabe quizá algún día me la encuentre.Bien escrita Abrazotes
ResponderEliminar¡Muchas gracias por el comentario, Ainhoa! ¿No me digas que eres de Santiago? Juana sigue en el Obradoiro vigilando que no se cuele el diablo, jeje. Ojalá te la cruces un día y la veas con la gaita. Abrazotes.
EliminarHola Eitan. Me encanta esa atmósfera densa, casi lírica, que invierte el clásico duelo con el diablo (como el de "El diablo y Daniel Webster" o el folklore gallego de gaitas y pactos).
ResponderEliminarAquí Lucifer es el profesional eterno que "cataloga almas" con precisión quirúrgica, pero que se topa con lo imposible: una humana (Juana, gaitera en el Obradoiro de Santiago) que no cae en ninguna trampa. Ni miedo, ni orgullo, ni rebeldía; simplemente toca su música "sin pretensiones", anclada en sí misma.
Ella sigue tocando, Esa permanencia serena lo vence más que cualquier exorcismo.
Saludos cordiales.
¡Hola! Muchísimas gracias por ese análisis tan profundo, me ha encantado leerlo. Lucifer cataloga almas... ¡pero no gaitas! Un lujo tu comentario. Saludos cordiales de vuelta y un abrazo.
Eliminar¡Enhorabuena, Eitán, por tan sobrio y magnífico micro, me ha encantado! El modo en que has amalgamado ovejas, cabras, Música y músicos, Cielo y Tierra, maldad y resiliencia, me ha maravillado, pues está contado con una maestría que genera envidia, al menos a mí...
ResponderEliminarUn fuerte abrazo, compañero.
¡Muchísimas gracias, Patxi! Para mí es un honor enorme recibir tu enhorabuena. ¡Un abrazote fuerte de vuelta, maestro!
EliminarEs que un alma pura no tiene dobleces ni desafina. Y cuando música como la de la gaita llega a tus oídos, trasciende en una espiritualidad con la que ni el diablo puede competir.
ResponderEliminarAbrazo.
¡Qué verdad tan bonita, Francisco! Un alma pura no desafina, y la gaita gallega puede ser la herramienta de trascendencia definitiva. Muchas gracias por comentar y un fuerte abrazo.
EliminarTu relato me ha encantado Eitan, tiene una profundidad que lo hace a uno reflexionar en ese encuen tro asimétrico, donde al final, ella prevalece. También me gustó porque recientemente estuve en Santiago de Compostela, mi primera vez ahí. Me encantó la catedral, la plaza del Obradoiro, la zona monumental y me llamaron la atención los gaiteros, dándole un aire especial a la visita a la zona de la catedral. Abrazo fuerte.
ResponderEliminarMuchas gracias, Ana. Me alegra muchísimo que te haya gustado el relato y que te haya transmitido algo más allá de la historia. Qué bonito que hayas estado en Santiago; es una ciudad que siempre deja huella. La catedral, el sonido de las gaitas y ese ambiente único que envuelve el Obradoiro tienen una magia difícil de olvidar. Un abrazo grande desde Galicia.
EliminarHola Eitán. Un micro muy original y lleno de fuerza simbólica. Me encantó cómo conviertes la muñeira y la gaita en algo más que folclore: aquí son identidad, centro y resistencia frente al mal. La voz del diablo está muy bien construida, arrogante y fascinante, pero lo mejor es esa derrota inesperada ante la autenticidad serena de Juana. Breve, evocador y con un aire de leyenda preciosa.
ResponderEliminarUn abrazo de Marlen
Hola Marlen, muchísimas gracias por tu comentario tan generoso. ¡Un abrazo fuerte!
EliminarMuy Bueno me ha encantado🙌
ResponderEliminarMuchas gracias, Manuel.
EliminarQué bueno, Eitan. Esa introspección, ese juego de desafíos y ese final tan inquietante, aunque se lleve el premio Juana, se percibe una mística, un aura, mucho mayor que la del protagonista. Muy bien hilado y redactado, me he sumergido de lleno.
ResponderEliminarUn abrazo!
Muchas gracias, Pepe. Me alegra mucho que te haya gustado, y sobre todo que el relato haya hecho su trabajo. Un abrazo.
EliminarEse diablo que lleva eones catalogando almas y que se encuentra con una gaitera que no es oveja ni cabra, que simplemente se mantiene anclada en su propia música sin acelerarse ni adornarse, me ha dejado con una sensación de paz rarísima. Lo mejor es que no gana por virtuosismo ni por enfrentarse directamente, sino porque su autenticidad serena desarma al que lleva diez mil años diseñando trampas para cada hambre humana. Y esa imagen final de Juana que sigue tocando al doblar la esquina, y que probablemente siga tocando, es de esas que se quedan resonando como una gaita en la piedra mojada del Obradoiro. Abrazos virtuales desde la Puerta del sol venezolano, Puerto La Cruz.
ResponderEliminar¡Gracias! Exacto, esa es Juana: autenticidad que toca sin acelerarse, desarmando eternidades. Raquel me recuerda un poco a tu precioso relato de Kapai —el tuyo indígena y luminoso, el mío gótico gallego.
EliminarAquí dejo la dirección del relato al que me refiero: https://perlasnarrativas.wordpress.com/2026/03/01/noches-de-eclipse/
Un abrazo desde A Coruña.