Pin0ch0 3D: NIR (Parte 3 de 4)

🪄✨ Continuamos con la tercera entrega de

Una historia donde la resina fotopolimérica guarda memoria y un chip NPU de inferencia rápida aprende a soñar.

📖 Parte III de IV.
La crisis existencial de una inteligencia artificial en Nochebuena.

🔒 Cuento registrado en Safe Creative. Todos los derechos reservados.

PARTE III: LA CRISIS

Pasaron los días y por fin llegó el 24 de diciembre, que amaneció gris y lluvioso —nada extraño en A Coruña en esta época—. Gepeto se despertó un poco tarde. Los últimos días con Pin0ch0 lo habían rejuvenecido, pero el cuerpo de sesenta y siete años le pedía más descanso que antes.

Bajó al salón y encontró algo inesperado: Pin0ch0 había decorado toda la casa. Guirnaldas colgaban de las ventanas con precisión matemática. Velas artificiales (Gepeto se alegró de que el muñeco no hubiera utilizado velas reales) brillaban en los alféizares. La mesa del comedor estaba puesta para dos, con platos navideños que Gepeto ni siquiera recordaba tener.

El muñeco estaba sentado junto al árbol, entre los regalos, con su gorra arcoíris, su sudadera de Pink Floyd y sus zapatillas coloridas. Se levantó y se volvió hacia Gepeto.

Gepeto se sintió muy agradecido.

Gepeto se rio, con lágrimas en los ojos.

Pasaron el resto de la mañana cocinando juntos. Bueno, Gepeto cocinaba mientras Pin0ch0 observaba y hacía preguntas. El muñeco no podía comer, pero quería entender el proceso.

A media tarde, el teléfono de Gepeto sonó. Era Hugo, su hijo.

Hubo una pausa incómoda.

Gepeto miró a Pin0ch0, que observaba la conversación con sus LEDs azules brillando.

Gepeto se rio.

Después de colgar, Gepeto se quedó mirando el teléfono.

Los LEDs de Pin0ch0 parpadearon rápidamente.

Pin0ch0 se quedó inmóvil durante casi dos minutos. Cuando habló de nuevo, su voz tenía algo extraño:

Gepeto sintió un escalofrío.

Los LEDs parpadearon.

Gepeto se acercó y puso una mano en el hombro de resina de Pin0ch0.

Los LEDs brillaron intensamente.

Alrededor de las nueve de la noche, Gepeto tomó el teléfono.

Hizo la llamada y, tras unos segundos, su rostro se iluminó.

Mientras hablaba con su esposa, su voz se llenó de un calor que Pin0ch0 no le había escuchado antes. Era el mismo tono que usaba cuando hablaba con su hijo, pero más suave, más íntimo. Pin0ch0 observaba, procesando no solo las palabras, sino los microgestos en el rostro de Gepeto: la sonrisa fácil, la mirada perdida en la distancia como si pudiera verla, la paz que se extendía por sus facciones. Era la evidencia más clara de amor que había presenciado.

Cuando Gepeto colgó, tras enviar un beso a través del auricular, se quedó un momento en silencio, sonriendo.

En ese momento, ocurrió algo imposible. Un suave zumbido mecánico rompió el silencio. La pequeña nariz puntiaguda de Pin0ch0, aquel mecanismo telescópico que Gepeto había instalado como un guiño nostálgico, se extendió hacia adelante unos dos centímetros con un "clic" casi imperceptible.

Ambos se quedaron mirándola, paralizados.

Pin0ch0 se llevó una mano de resina a la nariz extendida, tocándola con curiosidad. Sus LEDs azules parpadearon en un patrón extraño: dos destellos rápidos, pausa larga, tres destellos, pausa.

Gepeto sonrió, conmovido por el gesto involuntario.

La nariz se extendió otro centímetro con un zumbido más agudo.

Otro centímetro. La nariz ahora sobresalía visiblemente, vibrando ligeramente.

Los LEDs se volvieron completamente naranjas.

La nariz dio un salto final hacia adelante, extendiéndose completamente con un chasquido mecánico.

Y entonces Pin0ch0 se quedó rígido. Sus LEDs parpadearon: azul-naranja-rojo-azul-naranja-rojo, cada vez más rápido, como una alarma de emergencia. Los servomotores de sus articulaciones empezaron a emitir un zumbido agudo. El panel transparente de su pecho mostró el chip NPU brillando con un color ocre enfermizo, pulsando como un corazón en pánico.

Sus piernas cedieron. El golpe cuando cayó al suelo sonó horriblemente fuerte en el silencio del salón.

Gepeto se lanzó hacia él, cayendo de rodillas junto al cuerpo inmóvil. Los LEDs ahora solo parpadeaban esporádicamente: azul... pausa larga... rojo... pausa más larga... apagado... azul débil...

Los LEDs se apagaron completamente. El zumbido de los servomotores murió. El chip NPU latió una vez más con ese ocre enfermizo. Y se apagó.

Silencio absoluto. La nariz extendida de Pin0ch0 apuntaba hacia arriba, inmóvil, como una última súplica congelada en el tiempo.

Gepeto, con el corazón destrozado, tomó el cuerpo entre sus brazos y lo llevó de vuelta al taller, tropezando en las escaleras, con las manos temblando tanto que casi lo deja caer. Lo depositó en la mesa de trabajo con una delicadeza que contrastaba con su pánico. Conectó los cables de diagnóstico al puerto de datos de Pin0ch0. Sus dedos resbalaban en los conectores. Le tomó tres intentos enchufar el cable principal. La pantalla del ordenador se llenó de código rojo. Rojo por todas partes.

ERROR: BUCLE RECURSIVO INFINITO
ERROR: DESBORDAMIENTO DE MEMORIA EN MÓDULO EMOCIONAL
ERROR: CONFLICTO LÓGICO IRRECONCILIABLE EN NPU
ADVERTENCIA: RIESGO DE CORRUPCIÓN PERMANENTE DE DATOS
ADVERTENCIA: TEMPERATURA DEL CHIP 87°C... 89°C... 91°C...

Gepeto trabajó frenéticamente durante dos horas. Intentó un reseteo forzado. El sistema rechazó el comando. Intentó aislar el módulo emocional. Acceso denegado. Intentó un apagado de emergencia. El chip NPU seguía encendido, brillando ámbar a través del panel transparente, atrapado en su propia pesadilla lógica, un bucle infinito existencial.

A las 11:47 p. m., Gepeto se derrumbó en su silla, derrotado. Era Nochebuena, y había perdido a su único compañero.

El taller estaba en silencio excepto por el zumbido de los ordenadores. Gepeto miró el reloj. Casi medianoche. Casi Navidad. Y entonces, de repente, tuvo una idea. Era una locura. Probablemente no funcionaría. Pero no tenía nada que perder.

Gepeto accedió al código fuente del chip NPU y navegó hasta encontrar los archivos que había estado evitando por la nostálgica melancolía que le producían: los videos familiares que había usado para entrenar el chip. Videos de Hugo y Ana cuando eran pequeños. Videos de María y de sí mismo, jóvenes y llenos de energía. Videos de Navidades pasadas, llenas de risas y amor.

Había un vídeo en particular que Gepeto quiso utilizar. Era del 24 de diciembre de hace veinticinco años. María estaba joven, brillante, hermosa. Sus hijos corrían alrededor del árbol. Y Gepeto, un Gepeto mucho más joven, los filmaba mientras decía:

Gepeto tomó ese video, ese momento de pura verdad emocional, y lo inyectó directamente en el núcleo del chip NPU. No como datos para procesar, sino como una experiencia para... sentir. En la pantalla, las líneas de código se volvieron locas durante tres segundos. Luego, súbitamente, se estabilizaron. Los LEDs de Pin0ch0 parpadearon una vez. Y se encendieron en azul brillante.

El muñeco se incorporó lentamente, mirando a Gepeto.

Gepeto sintió las lágrimas corriendo por sus mejillas.

Pin0ch0 se tocó el pecho, donde el chip NPU ahora brillaba con un suave color azul.

Los LEDs de Pin0ch0 brillaron más intensamente que nunca.

En el piso superior, un reloj dio las doce campanadas. Era Navidad.

Pin0ch0 3D: NIR
Escrito por Eitán el Mago
Parte III: La crisis
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