No es por ti, princeso
Microrrelato · Sátira
No es por ti, princeso
A veces el mar tiene mejor memoria que la gente
Lisa sopló el polvillo negro de la lámina. La barra de carboncillo dibujaba el vientre de Jaqs, que estaba desnudo tumbado en el sofá.
—No te muevas —susurró ella frotándose una mancha gris de la mejilla.
Jaqs chasqueó los dedos hacia el camarero.
—Ponme un Qahwa de tueste rubio, con cardamomo y azahar.
A pocos metros bajo el casco, el sónar del yate de superlujo Océanix emitía un pitido estridente que taladraba la paz del océano.
La ballena emergió sin aviso. Su enorme cola se alzó contra el sol y cuando cayó sobre el barco, el golpe fue un latigazo sordo que vibró en los dientes de la tripulación. El casco se abrió y el agua entró en tromba, fría y salada.La cubierta se inclinó tan de repente que todos los tripulantes acabaron en el mar.
Lisa emergió como pudo y se subió a una puerta de madera que flotaba entre el combustible, con esfuerzo extendió el brazo hacia Jaqs, que pataleaba en el agua helada de marzo.
—¡Sube! Te agarro… —sollozó, estirando los dedos.
Jaqs la miró. Tomó su mano, empujó con el hombro el borde de la tabla y, de un tirón, la volcó. Lisa desapareció en la negrura líquida. Él trepó de un salto y se acomodó en el centro.
—No es por ti, princesa. Es por mí. No iba a morirme yo, que tengo cita en el peluquero el jueves. Además de perder el viaje a Islandia de mayo… ¿Te imaginas?
Se recostó, contemplando el cielo, mientras se oían gritos de auxilio desde todas partes.
Entonces, bajo la superficie, la bestia giró. Un remolino enorme succionó la tabla con Jaqs encima. Así pudo ser el primero de su familia en conocer la costa de Islandia desde el interior de una ballena.
Eitán el Mago

Me has recordado, como no podía ser de otra manera, aquella canción del Gran Wyoming cuando cerraba sus espectáculos con El Reverendo. La vida es amarga y lo de los niños y mujeres primero una falacia colosal.
ResponderEliminarLa vida es amarga, sí, pero lo más amargo es que muchos siguen creyéndose su propio relato de “niños y mujeres primero” mientras vuelcan la tabla en cuanto notan que agua fría está subiendo. Al menos nos queda el consuelo de que el océano tiene mejor memoria que la gente. Un saludo.
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