Cena en un ático con techo de vidrio

Tokio hoy. Sátira contemporánea sobre el Dunning-Kruger social

relato · sátira contemporánea

Cena en un ático
con el techo de vidrio

o sobre el Dunning-Kruger social

✦ ✦ ✦

Por fin es viernes y el cielo de Tokio luce tan vacío como siempre. Un grupo de amigos está reunido inaugurando un ático inmaculadamente blanco, no hay tabiques y el techo es de vidrio. Jaime, el anfitrión, acaba de abrir la puerta a un hombre de unos cuarenta que sostiene en la mano derecha una caja de bombones de marca blanca mientras mira perplejo a su alrededor.

Tomás

Jaime luce un jersey de cachemira sobre los hombros a modo de capa de superbrillo social.

Jaime

Carla, una mujer un poco más joven que ellos, está mirando su reflejo en una cuchara de postre.

Carla

Nico, el economista, otro hombre de edad similar, sirve un Vega Sicilia como si bendijera a los allí presentes.

Nico

Manuela se hace un selfie con Nico sirviendo vino al fondo.

Manuela
Miguel

Jaime se coloca bien la capa-jersey.

Jaime
Miguel

Habla Miguel, el hombre de las gafas de sol, mientras apoya la copa en el borde de la mesa. La deja demasiado al límite. La copa se inclina despacio. Una gota de vino resbala y queda un instante sostenida en el aire. El recipiente vuelve a su posición inicial y la gota cae manchando el suelo blanco con un borrón carmesí.

Tomás mira la manchita y resopla mientras deja la caja de bombones cerrada sobre la mesa.

Tomás
Carla

Nico se pasa la mano por el pelo.

Nico

Tomás está mirando por la ventana la Tokyo Skytree iluminada

Jaime se acerca al ventanal con la copa en la mano y bambolea el vino.

Jaime
El vino sigue meciéndose lentamente, de forma casi hipnótica, de un lado a otro de la copa.
Nico

Carla asiente con la cabeza como si acabara de descubrir la rueda.

Carla

Nico levanta el teléfono como si enseñara un trofeo.

Nico

Miguel eleva su copa hasta la altura de las gafas de sol.

Miguel

Nico brinda con Miguel.

Nico

Jaime señala la tabla de quesos con la copa.

Jaime

Carla señala el tofu con la barbilla.

Carla

Nico se pasa de nuevo la mano por el injerto capilar.

Nico
Miguel
Tomás

Jaime abre los brazos.

Jaime
Tomás

Manuela pone expresión de iluminada.

Manuela

Carla se toca el muslo por encima del pantalón, como si ya estuviera tatuándose algo importante.

Carla

Tomás mira su copa. El vino es bueno. Mira alrededor y nadie ha cenado, pero todos sonríen como si estuvieran saciados. Durante un instante parece que va a responder. Bebe. Observa la copa que alguien balancea y dos gotas de vino se desprenden. No caen, se quedan flotando en el aire, despacio, girando una alrededor de la otra como un sistema binario en miniatura en equilibrio perfecto encima de la mesa.

El queso-tofu sigue intacto sobre la tabla de madera. Nadie lo ha tocado.

Un teléfono vibra.

«En Europa, la verdad reside en aquello que se descubre; mientras que en Japón, lo más importante es lo que está escondido y latente.»

Lafcadio Hearn

✦   Glosario de palabras japonesas   ✦

Ma — el intervalo, la pausa, el vacío consciente

En la estética y el pensamiento japonés, ma no es una ausencia pasiva, sino un espacio activo y lleno de posibilidades. Es el silencio entre dos notas que da sentido a la música, el tiempo vacío entre dos palabras que enfatiza su significado, el hueco deliberado que permite que la energía fluya. En el diseño y la arquitectura, ma es el respiro que convierte un espacio vacío en algo tan valioso como los objetos que lo rodean. Aprender a ver el ma es aprender a valorar lo que no está, lo que espera, lo que respira.

Wabi-sabi 侘寂 — la belleza de lo imperfecto, lo incompleto y lo transitorio

Wabi evoca la sencillez austera, la humildad, la belleza de lo despojado; sabi se refiere al paso del tiempo, al rastro que la edad y el uso dejan en los objetos: una grieta, un desgaste, una pátina. Juntos, wabi-sabi es una cosmovisión que encuentra encanto en lo efímero: una hoja que se marchita, una cerámica cuarteada reparada con oro (kintsugi), un muro oxidado. Es lo opuesto a la perfección pulida y simétrica: una invitación a aceptar que todo cambia, todo envejece y nada está completo. La grieta no es un error, es una historia.

Chōwa 調和 — armonía, equilibrio, integración

Aunque la palabra puede traducirse como «armonía», chōwa va más allá de la mera ausencia de conflicto. Es la búsqueda consciente de un equilibrio dinámico entre opuestos: interior y exterior, individuo y comunidad, tradición e innovación, esfuerzo y descanso. En el contexto de Akemi Tanaka, cuyo libro inspiró a Carla, es la habilidad práctica para encontrar la manera más equilibrada y sostenible de vivir. Chōwa no es rigidez ni inmovilidad: se parece más a la postura de un ciclista en movimiento, que ajusta constantemente su peso para no caerse. Es la sabiduría de no forzar, sino integrar.

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Este cuento participa en VadeReto Junio 2026, puedes acceder a las demás historias pulsando sobre la imagen.

Comentarios

  1. ¡Menudo fiestón, Eitán!
    Grandísimo ambientazo y una atmósfera de lo más acogedora. (Es ironía, claro XD).
    Yo habría durado hasta que han despreciado el jamón, por ahí sí que no (Y bueno, lo del queso también). ;)
    Muy bien interpretado el reto y las frases escogidas. La verdad es que hay muchas «sociedades» dentro de nuestra sociedad y tampoco es cosa de criticar nada; cada cual es feliz en su entorno, o lo parece o aparenta.
    Felicidades por el reto y muchas gracias por compartirlo para el VadeReto.
    Abrazo Grande.

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    1. Hola, Jose.
      La atmósfera está lo más lejos posible de una fiesta cálida y acogedora. Cada grupo crea su propia pequeña sociedad, con sus códigos y sus maneras de ser, y un outsider solo puede observar. Un poco de jamón y queso harían la "cena" más llevadera, pero al menos hay vino.
      Me alegra que te haya gustado el enfoque y que encajara bien en el reto. Muchas gracias por tu comentario.
      Un abrazo grande.

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  2. Hola, Eitán. ¡Qué buena sátira! Las "modas" se imponen, no importa lo absurdas que sean. Y tus personajes, además, osan utilizar conceptos tan lindos como los que nos pones al final para "explicar" sus preferencias de estilo, comida, etc. Deformando estos conceptos y amoldándolos a sus deseos. Es un reunción en la que no se me antojaría estar. Muy buen aporte, nos haces reflexionar. Abrazo fuerte.

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    1. Hola, Ana. Las modas actuales se apropian de conceptos profundos y, a veces, hermosos para justificar cualquier capricho. Coincido contigo, no es una reunión en la que apetezca quedarse mucho rato.
      Me alegra que te haya hecho reflexionar. Muchas gracias por comentar.
      Abrazo fuerte.

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  3. Eitan, foste brilhante e gostei das palaavras japonesas tão bem usadas no contexto. Ficou ótima tua participação nesse tema que não foi fácil! Parabéns! abraços, chica

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    1. Gracias Chica. Fue un reto utilizar mal las palabras buscando pervertir el enfoque de forma que tuviese sentido, pero tengo que admitir que me lo pasé bien escribiendo. Un abrazo.

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  4. Hola Eitán. ¡¡Dios mío, no me permitas estar en una reunión de gente tan snob y que tergiversa tanto la maravillosa cultura japonesa!! 😂🤪🤣 ¡Una fantástica sátira donde lo importante es saber cuatro cosas y alardear de ello, pero estoy segura que, al volver a su casa, han arrasado la nevera porque estarían muertos de hambre! Esto te ha servido y nos ha permitido a nosotros recuperar unas nociones en las que deberíamos reflexionar más a menudo.
    Cada cultura tiene sus frases y costumbres que merecen ser conocidas, pero la japonesa tiene tanto por descubrir por una mente occidental, que siempre da gusto entrar y aprender. Así que ¡chapeau! por tu aporte.
    Un abrazo fuerte de Marlen

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    1. Hola, Marlen.
      Estoy convencido de que una vez cumplido el teatrillo, o postureo, arrasaron la nevera sin el menor remordimiento. Ese snobismo retuerce lo japonés y lo que haga falta hasta volverlo irreconocible.
      Cada cultura tiene su profundidad y sus matices, pero cuando se usan como adorno para presumir, todo se vuelve caricatura. Me alegra que el relato te haya hecho reflexionar y que te haya divertido a la vez.
      Muchas gracias por el comentario.
      Un abrazo muy fuerte.

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  5. Hola, Eitán.
    He leído tu último post y ahora he venido a éste muy interesada por tu forma de narrar lo cotidiano. Es curioso y original cómo criticas los estereotipos dando su misma medicina a los personajes. La ambientación de las altas esferas no ha cambiado tanto, tú lo reflejas como una evolución formal, pero es que creo que bordas los roles y las situaciones. Me recuerda un tanto al teatro del absurdo en España. Con Miguel Mihura como ejemplo de estilo. Me ha encantado cómo cuentas historias con esa gracia sutil que no deja de ser realista.
    Un abrazo

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    1. Hola, Marisa.

      Muchas gracias por la comparación con Mihura, me halaga enormemente aunque sé que me queda mucho camino por andar. En lo que estoy de acuerdo completamente es en lo del "teatro del absurdo". Mis personajes no son malvados ni tontos, solo están atrapados en sus propias contradicciones, y la gracia está en que ellos no lo sepan pero el lector sí.

      Me alegra mucho que hayas venido desde el último post hasta este. Eso es lo mejor que puede pasar: que alguien quiera leer más.

      Un abrazo.

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  6. Hola Eitán,
    La atmósfera está muy bien creada y describes muy bien a esa gente que dice apreciar algo que desconoce, pero queda muy "chic" y entra en la novedad, por tanto ellos no van a ser menos y por ende desconocedores, se ven obligados a decir algo y cuando no son tonterías son incongruencias. Son los que van a una fiesta por no divertirse y los que van a un ático con un tejado de cristal que le quita la esencia al ático.
    Un saludo.

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    1. Hola, Luferura.
      Pues sí, lo del ático técnicamente queda muy moderno, pero le quita justo lo que lo hacía ático. Le quita la sombra, la intimidad, el encanto… y hasta la gotera ocasional, que también tiene su poesía. Vamos, que este grupo le pone filtros a la realidad hasta que ya no se reconoce ni ella misma.
      Muchas gracias por pasarte y comentar.
      Un saludo.

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  7. Hola, para mí, el verdadero golpe de efecto es la comida ausente. Nadie come, nadie habla de hambre, y la cocina ni siquiera existe. Eso me pareció una metáfora perfecta de nuestras relaciones contemporáneas: compartimos espacio, palabras y posesiones, pero no hay sustancia, no hay nutriente real. El techo de vidrio, que da título al relato, funciona como ese límite invisible que les permite ver el cielo, pero también los aísla y los expone; al final, son peces de colores en una pecera bonita, admirables, pero prisioneros de su propia burbuja. En definitiva, creo que el relato no solo critica a una elite superficial, sino que nos lanza una pregunta incómoda: ¿qué estamos cenando realmente cuando nos reunimos con otros? ¿Ideas, afectos, o solo reflejos de lo que creemos que deberíamos ser? Tal vez la respuesta esté en esa mesa vacía, esperando que alguien se atreva a pedir un plato de verdad. Por mi parte, el cuento me ha dejado con ganas de revisar mis propias conversaciones y preguntarme si, a veces, también hablo sin decir nada. Abrazos virtuales desde Venezuela

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    1. Hola, Raquel.
      Muchas gracias por comentar. Me encanta que el relato te haya hecho reflexionar; lo que busco no es dar respuestas, sino hacer preguntas. Caricaturizo a la sociedad, sí, pero porque todos hemos estado en situaciones así, o al menos nos las han contado. Esa mesa sin alimento, esas conversaciones vacías si… son exageraciones, claro, pero nacen de cosas muy reales.
      Mucha fuerza desde Galicia para tu tierra en estos malos días. Ojalá todo mejore pronto y llegue un poco de calma. Un abrazo grande.

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  8. Hola, me ha encantado el relato: una muy buena sátira, y sin duda unos personajes tan snobs te han quedado magníficos. La atmósfera está muy bien lograda, donde se describe a gente que se supone que sabe apreciar algo que desconoce, pero queda muy bien y está a la moda. Tras leerte, me acordé de Soy un gato de Natsume Sōseki, que es una sátira que el autor hace a la sociedad japonesa de la época. En la novela, uno de los personajes, Meitei, hace un par de bromas con sus amigos, pero las dice con tal convencimiento que la gente se las termina creyendo como si fueran reales, para quedar bien y no ser vistos por los demás como ignorantes., saludos

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    1. Hola, Cecy.
      Me alegra que te haya gustado el relato. No conocía el libro Soy un gato de Soseki, pero desde luego parece una novela muy interesante. Meitei y sus bromas encajan muy bien con el tipo de snobismo que quería retratar aquí, así que gracias por la recomendación; la buscaré.
      Muchas gracias por pasarte a comentar. Saludos.

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