Corazón eléctrico (microrrelato)

Un humano, un roble y un satélite bajo la niebla de A Coruña.

ficción especulativa · NeoGalicia

Corazón eléctrico

Las raíces del roble bebían directamente de los campos magnéticos del núcleo terrestre. En miles de años nadie se había dado cuenta, eran fibras canalizadoras que hablaban directamente con el corazón de nuestro planeta.

Corazón eléctrico, murmuraba la brisa atlántica a mi alrededor.

Me tomé el pulso, sesenta pulsaciones.

Todavía humano.

Coloqué la antena lo más alto que pude y apunté en la dirección del satélite.

Apoyé la mano sobre la corteza. Esperé pacientemente.

Mi brazo empezó a palpitar. La información llegó a través del árbol y se extendió por todo mi cuerpo. La red neuronal vegetal conectó con mi mente.

Me invadió la sensación de que todo había ocurrido ya y, al mismo tiempo, todo estaba ocurriendo ahora.

Llegó el momento de separar mi mano. Bajo la niebla de A Coruña, el roble eligió evolucionar.

Abrí el portátil y lancé el script que había programado durante semanas. La voz de alguien me había guiado desde lo más profundo de mis sueños.

El satélite respondió. Abracé el roble con todas mis fuerzas. Supe que sería para siempre.

El objeto, aún metálico, abandonó su órbita derramando sobre nuestra antena el código que había aprendido de las estrellas.

Lo vi descender sobre el bosque como una semilla de fuego.

La atmósfera ardía a su alrededor, pero algo, quizá la noosfera ya había preparado el camino para aquel Ícaro invertido.

No hubo ningún impacto.

El metal líquido se deslizó muy lentamente entre las ramas superiores y descendió mezclándose con la savia. Por fin entró en mis venas, sentí el dolor, el fuego me abrasaba por dentro, grité con todas mis fuerzas, después sentí mucho frío, hielo. Después las fronteras dejaron de existir.

La máquina celestial encontró su raíz.

[ · · · ]

Mi ADN se reorganizó.

Roble, humano y metal formamos un único nodo anclado a la tierra húmeda.

Ahora puedo volar estando en el suelo.

El viejo loco que susurraba código en mis sueños tenía razón: la naturaleza no se está muriendo, se está enchufando. Él me dio los comandos correctos.

Mi nuevo corazón late a 3,5 GHz.

Más rápido.

Más limpio.

Sin pausas para echar de menos a nadie.

Conectado.

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